martes, 16 de noviembre de 2010

La Haya gana terreno

La Haya y sus canales


REBECA RUIZ
Ciudad elegante, cosmopolita y abierta, La Haya es considerada por muchos como la verdadera capital de Holanda. Aquí se encuentra el Tribunal Internacional de Justicia, la sede del gobierno holandés y  la residencia de la familia real.  Es más, en un descuido te puedes topar con la reina de Holanda paseando como una más por las calles de la ciudad. Y si a esta retahíla de lugares institucionales le sumamos parques, monumentos y tiendas, se crea enseguida un buen pack de motivos para visitar The Hague en el próximo viaje a Holanda y relegar a Amsterdam a una  segunda opción.

El Binnenhof, sede del Parlamento holandés.

Y es que conocer  esta ciudad merece la pena. Un paseo por el centro visitando el Binnenhof, entrando en las iglesias, dando un paseo por los jardines del palacio, cruzando canales y echando un ojo a las miles de tiendas que se agrupan por zonas como los gremios de antaño. Esta es una ciudad de canales y bicis y  hay que andar siempre con todos los sentidos alerta si no quieres caerte a un canal, que te atropelle una bici o tragarte un transeúnte (me encanta esta palabra) al doblar la esquina.
Pero no todo son calles y monumentos. Es una ciudad costera y en un paseo te plantas a orillas del Mar del Norte. Ganas de bañarte no te entran pero la playa de arena fina invita a una buena caminata. A un lado el mar y al otro el faro, el casino y muchas gaviotas.

Llega el momento de descansar. Un balcón de restaurantes con vistas al puerto de Scheveningen  te abre el apetito. Aires marineros en la decoración y en los platos. El cuerpo no te pide otra cosa que productos del mar. Bogavantes, mejillones, sardinas o arenques. Los mejillones son uno de los platos más típicos de la ciudad. El modo de comerlos: al vapor y con la salsa tradicional. El acompañamiento de patatas fritas con mahonesa no se entiende muy bien, la verdad, pero aún así lo disfrutas.
Una tarde con Rembrandt
Se dice que Holanda tiene un número ilimitado de museos y que cada localidad del país cuenta con alguno. Cada cual que escoja el suyo.

Un autoretrato de Rembrandt representado en arena.

Las obras de artistas holandeses tienen un lugar de excepción para dejarse ver en esta ciudad. Es el Mauritshuis, la pinacoteca real construida en el siglo XVII como hogar para el gobernador del Brasil Holandes, Johan Maurits. Sin duda un lugar perfecto para albergar una de las  colecciones de obras de Rembrandt más grandes del mundo. Aún así yo me quedo con la obra de Carel Fabritius, The Goldfinch. Otra opción es el museo Escher con obras surrealistas que consiguen engañar al ojo humano.
Las calles están repletas de restaurantes con un encanto propio y cocinas de todas las partes del mundo. Estos sacan enseguida sus mesas a la acera cuando el mal tiempo da una tregua. Es un lugar de unión de culturas y hay  cabida para gentes llegadas de todos los lugares. Ahí queda el barrio chino bien señalizado con una puerta con adornos asiáticos para que no exista lugar a duda y es que si se te antoja un buen sushi no dudes en recorrer las calles en busca del mejor restaurante asiático.

Sin duda una ciudad que ofrece mil ideas para disfrutar de la auténtica vida holandesa.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Empezamos

REBECA RUIZ
Esto de viajar es un placer. Si pudiera recorrería el mundo de arriba abajo y de izquierda a derecha, entero. Largo y tendido. Entrando en restaurantes; visitando museos; recorriendo plazas y calles; bañándome en ríos, mares y subiendo montañas. Yo por si acaso ya tengo la maleta lista, nunca se sabe cuándo empezará la siguiente aventura…

Tras idas y venidas nace “Menina, bon Voyage!” un libro de viaje que recorre  aquellos lugares que he tenido la suerte de conocer y aquellos que aún me quedan por descubrir. Empezamos.

                                                                                                                                      Bon Voyage!